LUCRECIA: UN CRIMEN DE ODIO
Disney Plus sabe cómo contentar a sus muchos y merecidos suscriptores. No hay duda de que son los reyes en cuanto a calidad y cantidad de contenidos. Están, junto a otros, en la cresta de la ola del streaming.
Una de las mayores maravillas documentales que nos deja Disney Plus es, sin lugar a dudas, una que nos habla de una auténtica tragedia acaecida hace más de treinta años: la del primer crimen racista de la historia de España. Hablo del documental “Lucrecia: Un Crimen de Odio”.
Este documental pasea sabiamente por todos los recovecos de algo que ha tenido, a nivel social y moral, una trascendencia que no conoce límites. El crimen que se perpetró contra Lucrecia Pérez fue todo un aviso: cualquiera podía y puede morir asesinado solo por no ser blanco.
Este documental no ahonda en los detalles morbosos de tan trágico suceso, sino que analiza cómo lo vivieron algunas personas y personalidades de la época como los allegados de Lucrecia (entre estos, su propia hija, quien reside también en Madrid), así como el entonces vicepresidente del gobierno, Narcís Serra.
Frente al disparate que se comete hoy en día con los cada vez más frecuentes mensajes de odio propagados por algunos políticos, esta docuserie es más necesaria que nunca, porque lo que ocurrió en 1992 fácilmente podría volver a ocurrir. Quisiera creer que hemos aprendido la lección, pero los hechos me demuestran que, como dice el refrán, el hombre (entendido como ser humano y no como género) es el único animal que tropieza dos veces sobre la misma piedra. En esta ocasión, la piedra apesta, y no vale con decir qué malo es el racismo, sin actuar de ningún modo. Yo estoy usando como “arma” el teclado.
“Lucrecia: Un Crimen de Odio” es una crónica fiel y desapasionada de una España que unos pretendían devolver a sus tiempos más oscuros, y que aún hoy siguen en ello, como si se creyeran que lo van a tener fácil. Es un contenido que nos saca, a quienes lo somos, el ser humano que llevamos dentro, y lleva impresa una marca de agua que, de algún modo, dice “no apto para hijos de la gran puta”.
Sí, en 1992 España vibraba al son del cantautor dominicano Juan Luis Guerra…pero también lloraba por el recuerdo de su compatriota. Como dijeron los argentinos y repitieron los gallegos: ¡NUNCA MÁS!.

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